(*)“Impuestos y gastos no incluidos”.
Durante años, esa frase parecía servir para todo.
Como el perejil.
Se ponía al final del anuncio y asunto resuelto.
Pero ya no.
Desde el 28 de diciembre de 2025, las exigencias de información al consumidor se han reforzado.
Y eso también afecta a la publicidad inmobiliaria.
Porque anunciar una vivienda no consiste únicamente en enseñar una cocina bonita, poner “oportunidad única” y esperar llamadas.
También hay que explicar con claridad:
El precio.
Los impuestos.
Los gastos adicionales.
Los posibles gastos de gestión.
Y, cuando un importe no pueda calcularse de antemano, informar de que existe y explicar cómo se determinará.
Además, la información debe ser coherente.
-En la web.
-En los portales.
-En las redes.
-En el escaparate.
-Y en los dosieres comerciales.
Y cuidado con los metros cuadrados.
Porque confundir superficie útil, construida, elementos comunes o anexos puede acabar siendo algo más serio que un error en una ficha.
Puede generar expectativas.
Reclamaciones.
Y problemas de responsabilidad.
La publicidad inmobiliaria también informa.
Y lo que se informa puede tener consecuencias.
Desliza el carrusel.
Y después revisa tus anuncios antes de que alguien los revise por ti.
P. D. “Eso lo pone todo el mundo” sigue sin ser una estrategia jurídica. 😏
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